Amar como Cristo nos enseñó, amando a Dios sobre todas las cosas, amándose a
sí mismo como Dios lo ama, y a sus hermanos, en el más pobre.
Dejarse amar de Jesús, recibiendo de Él su salvación, su Palabra, su Iglesia
Católica, alimentándose continuamente del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de
Jesús en la Eucaristía.